sábado, 29 de enero de 2022

 

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José Luis Pereda, nuevo propietariode la Plaza de Toros de Mérida

El empresario y ganadero José Luis Pereda López amplía sus horizontes taurinos con la adquisición de la Plaza de Toros de Mérida, un acuerdo que ha formalizado con el anterior propietario y que ya es efectivo, habiendo tomado posesión del coso.

De este modo, José Luis Pereda sigue los pasos de su padre, el empresario del mismo nombre recientemente fallecido que adquirió e hizo resurgir la plaza de la Merced en Hueva. Ese mismo propósito tiene Pereda para el coso del Cerro de San Albín, como es conocida la plaza de toros emeritense, para el que tiene planes que conseguirán realzar su feria taurina y potenciar económicamente la ciudad de Mérida. Para ello, revitalizará el mercado gastronómico que ocupa toda la planta baja del coso, así como el museo taurino con la intención de convertir este edicio en punto de encuentro y referencia cultural para los emeritenses.

Como precedente de esta nueva etapa está el magnífico trabajo realizado por este joven empresario y ganadero la pasada temporada en las plazas de toros de Huelva y Almodóvar del Campo (Ciudad Real), donde programó ferias que fueron todo un éxito en un año todavía complicado por la pandemia.

Pereda quiere agradecer al anterior propietario, Vicente Elices Marcos, la confianza depositada para continuar con un proyecto que él inició en 2014.

La Plaza de Toros de Mérida comenzó a construirse en 1902 por la Sociedad Taurina Extremadura y fue inaugurada el 5 de julio de 1914 por Tomás Alarcón ‘Mazzantinito’, Rodolfo Gaona y Franciso Posada con toros de la Viuda de Concha y Sierra.
 

jueves, 20 de enero de 2022

 

Litri y Arcángel: toros, cante y sabor a Huelva en la Fundación Cajasol

Los Mano a mano llegaron a su edición número 61 con todas las invitaciones agotadas

 

El matador de toros Miguel Báez ‘Litri’ y el cantaor Arcángel protagonizaron en la tarde de ayer una nueva edición de los Mano a Mano de la Fundación Cajasol, en concreto la número 61 de estos encuentros culturales que se celebran en Sevilla desde 2007.

Esta nueva cita estaba marcada por un denominador común: el sentimiento choquero de ambos protagonistas que se asomaron al escenario del auditorio de la Fundación Cajasol –abarrotado para la ocasión- bajo la batuta de José Enrique Moreno, moderador habitual de estos clásicos encuentros que suman el testimonio de un torero al de una personalidad del mundo del espectáculo o del panorama cultural.

Había ganas. El último encuentro se había celebrado en mayo después de haber tenido que aplazar el proyectado encuentro de Litri y Arcángel en noviembre de 2020 debido a la modificación de horarios impuesta por las restricciones del covid. Pero nunca es tarde si la dicha es buena. La ovación del público rubricó el interés que había despertado la cita. 

Había que romper el hielo: “Estoy loco por hablar de flamenco”, bromeó el torero de Huelva. “Una de mis pasiones es el toro”, replicó el cantaor. “El mundo del toro y el del flamenco tienen muchos vínculos; yo me inspiro mucho en la música y comparten muchas connotaciones”, explicó Litri confesando que, en la intimidad del campo, se había hecho acompañar de cante toreando para sí mismo. Eso sí, descartó que la experiencia fuera extrapolable a las plazas de toros. “Se han hecho intentos pero creo que debe ser algo para uno mismo, en la plaza no he llegado a sentirlo así”, aclaró.



“Estoy de acuerdo en parte”, replicó Arcángel. “No es fácil pero pensándolo bien, dedicándole tiempo, se podría conseguir aunque es difícil sustituir a una banda; debe ser alguien conocedor del toreo, con la suficiente sensibilidad”, argumentó el cantaor onubense señalando que “hay que unificar posturas”. Arcángel ya había cantado en algunas plazas y recordó especialmente un festival celebrado en Ronda explicando que “es necesario que la gente venga predispuesta”.

“Era mitad banda y mitad cante, pero funcionó bastante bien”, recordó Arcángel. El moderador evocó la figura del primer Litri, abuelo del actual Miguel Báez como aficionado flamenco. “Mi padre siempre ha sido muy aficionado a los fandangos de Huelva, todos los toreros hemos tenido mucha vinculación con todos los artistas y en el caso de Arcángel además del cante y el toreo nos unen muchas cosas”. “Es una cuestión de sensibilidad”, terció el cantaor. “En estas profesiones lo importante es grabar a fuego nuestras experiencias, somos personas que hemos hecho de nuestra inquietud y amor por algo nuestra profesión”. Pero el cantaor fue más allá al hablar de “jerarquía y liturgia” a la hora de trazar nexos comunes entre ambas actividades. “A veces echo en falta esa rectitud que existe en el toreo en el mundo del flamenco; las cosas funcionan cuando están en orden”, sentenció Arcángel.

Quejío y veneno

El hilo de la charla había tomado una dimensión inesperada. “No podemos cifrar todo a un destello o al momento y el toreo no es un momento, es el cúmulo de muchas circunstancias y el cante es lo mismo”, prosiguió el artista onubense. Litri habló de “abandono y quejío” comparando el sentimiento del torero y el cantaor. “Al final delante de un toro tenemos que dejarnos llevar y abandonarnos en un momento determinado”, remachó el torero. Pero había más lugares comunes. El moderador habló del “veneno” del flamenco y del toreo. “Es que cualquiera que se haya puesto delante de una becerra habrá podido sentir algo que no pasa desapercibido, que atrapa para siempre”, concluyó Litri.

“Es algo que va a peor con los años”, añadió Arcángel. “Cada uno se pone el listón donde puede, más alto que los demás, y el toreo tiene una cosa que me encanta y es que tiene dos ámbitos: el de la plaza de tientas y el trascendente de las plazas grandes”. “Para nosotros el ámbito de los teatros había estado vedado pero el sitio natural del arte es un gran escenario y el del torero en la plaza”, señaló el cantaor. El Litri habló de esa “presión”, común a cualquier artista que se enfrenta al juicio del público. 

Pero había más temas que tratar como la forja de los artistas, sean del palo que sean. Moreno recordó al Litri aconsejando al joven novillero Manolo Vázquez antes de su debut en Sevilla. “Le dije que fuera él mismo y se olvidara de todo lo demás”, evocó el diestro. “En el cante es parecido, cuando ves a alguien que quiere cantar se nota y emana algo diferente que se palpa y no se detiene en lo banal, es preguntón, es alguien que consume vorazmente todo lo relacionado con este mundo y te das cuenta que quiere ponerse a prueba”, reflexionó Arcángel.

Autoexigencia



“Yo no tenía las mejores aptitudes pero tenía claro que quería ser torero mirándome en el espejo de mi padre”, señaló Litri marcando el concepto de la vocación como trampolín necesario para perseverar en la profesión. “Todos tenemos muchos fracasos, tenemos muchos miedos y nos afecta todo pero si somos capaces de mejorar, llegas a ser alguien importante”, reflexionó el torero admitiendo que nunca llegaba a gustarse toreando. “En el cante es igual y cuando te escuchas por primera vez es un choque tremendo; cuando cantas tú te escuchas por dentro pero en un disco no es igual y cuando me escucho me horripilo y me veo muchos defectos”, añadió Arcángel. En ese mismo hilo, Litri recordó una de las mejores lecciones que le había dado su padre en el momento de darle la alternativa: “me dijo que nunca me dejara ganar la pelea; ni por mi propio padre”.

La pandemia

El moderador puso sobre la mesa los rigores de la pandemia que han afectado de una manera especial a los artistas. “Las administraciones no han hecho lo que deberían hacer”, sentenció Arcángel. El Litri, por su parte, puso el acento en “la desaparición de encastes y el drama de tantos subalternos que deberían vivir de su profesión”. Arcángel lanzó una idea al aire: “Es que somos sectores que estamos muy desconectados los unos de los otros y la gente del espectáculo deberíamos unirnos; necesitamos mentes organizativas porque esto es un negocio”.

La charla ya iba encarando su final, sembrando algunas reflexiones. “Uno de los valores más importantes de una sociedad moderna deben ser sus tradiciones y debemos sentirlas y transmitirlas a los nuestros; si somos capaces no debemos temer nada”, sentenció Litri. “Erramos si queremos explicar todo desde una única perspectiva; yo puedo respetar al que no soporta el dolor de un animal, pero eso es sacrificar el todo por la parte”, añadió Arcángel. Ni más ni menos.

Faltaba el broche final. Cuando el presentador preguntó a Arcángel por qué palo cantaría al toreo de Litri, no lo dudó: "A Litri le pega un fandango". "Cántaselo", dijo una voz del público, y Arcángel no se lo pensó dos veces, se desprendió del micrófono y llenó la noche de la brisa marinera de Huelva con su voz única. La generosidad de los más grandes.

miércoles, 12 de enero de 2022

 

Los 'Mano a mano de Cajasol' programan un encuentro de gran nivel con Litri y Arcángel 

El acto se celebrará el martes 18 de enero en el Teatro Cajasol

Imprescindible retirar invitación en la Taquilla de Fundación Cajasol


El Ciclo 'Los Mano a mano' de la Fundación Cajasol vuelve por todo lo alto programando un encuentro de gran nivel que se desarrollará el próximo 18 de enero a las ocho de la tarde en el Teatro Cajasol. 

El martes 18 de enero los protagonistas serán el torero Miguel Báez 'Litri' y el cantaor Arcángel. En este Mano a mano, que tendrá lugar a las 20.00 h, se abordará el tema 'El toro y el cante' y los asistentes podrán adentrarse de nuevo en las conexiones que existen entre el mundo del toro y el flamenco, esta vez de la mano de dos onubenses que se aprecian y se admiran.

Además de pertenecer a la más importante dinastía de toreros onubenses, Miguel Báez 'Litri' logró ser uno de los nombres imprescindibles en las ferias de los años 90. Retirado del toreo desde 1999, está dedicado a sus negocios y no se prodiga en actos de este tipo, por lo que resultará doblemente interesante escucharle.

Por su parte, Arcángel es uno de los referentes del flamenco en la actualidad, una figura consolidada que ha basado su carrera en su conocimiento de las raíces del flamenco, pero también en una búsqueda constante de nuevos caminos en este arte. Además, es un gran aficionado a los toros.

La entrada será libre previa retirada de invitación en la Taquilla de la Fundación Cajasol (C/Álvarez Quintero. Sevilla), en horario de mañana de 11 a 14 horas, de lunes a viernes, y  martes y jueves también por la tarde de 17 a 19 horas. Las invitaciones para el Mano a mano del 18 de enero estarán disponibles a partir del 12 de enero y dos horas antes del acto.

(*) Entrega máximo de dos invitaciones por persona.

domingo, 5 de diciembre de 2021

 

Emotiva entrega a Pablo Aguado del Memorial Manolo Vázquez en el 'El Aero'



El premio reconoce su gran actuación en Sevilla en la temporada de 2019

El Real Club de Andalucía 'El Aero' hizo entrega anoche de su prestigioso Trofeo Memorial Manolo Vázquez al matador de toros Pablo Aguado en un acto muy emotivo que contó con la asistencia de importantes personalidades de la sociedad sevillana y que por primera vez se celebró en la nueva sede de este prestigioso Club en la calle Álvarez QuinteroEl galardón destaca su gran actuación en Sevilla en la temporada 2019, cuando consiguió abrir la Puerta del Príncipe tras cortar cuatro orejas.

En el acto de entrega participaron el presidente de El Aero, Enrique Moreno de la Cova, el general director de Enseñanza del Ejército del Aire, Enrique Jesús Biosca Vázquez, el ganadero Carlos Urquijo, que dedicó un poema al premiado, y Manuel Vázquez Gago, ganadero e hijo del maestro al que rinde homenaje este premio.

Después de recibir el galardón, un busto del recordado torero Manolo Vázquez, Pablo Aguado pronunció unas palabras en las que destacó su vínculo casi familiar con el maestro Manolo Vázquez, a quien definió como "uno de mis toreros, un ejemplo de naturalidad pero también de raza".

Este prestigioso trofeo se creó hace quince años en homenaje a Manolo Vázquez. En ediciones anteriores ha recaído en figuras como Enrique Ponce, César Rincón, José María Manzanares, Julián López ‘El Juli’ (dos ocasiones), Núñez del Cuvillo, Lama de Góngora, los hermanos Miura, Pepe Moral, Eduardo Dávila Miura, Morante de la Puebla, Antonio Ferrera y Juan José Padilla. En la edición de 2021 ha sido para Morante de la Puebla.

viernes, 29 de octubre de 2021

 EL AÑO DE JUAN ORTEGA

La temporada de Juan Ortega: un capote y un embroque para el deleite de la afición

El trianero ha sublimado el toreo a la verónica en su primera temporada como nombre fijo del circuito principal

El matador de toros Juan Ortega, en la grada de la Plaza de Toros de Sevilla - Raúl Doblado

Las angosturas de su tauromaquia han reventado el embudo. El advenimiento de un torero tan clásico como frágil ha revolucionado los patrones de la tauromaquia actual. Sin necesidad de descerrajar ningún pórtico crucial ni habiendo desorejado a ese animal elemental que eleva a los toreros a la gloria suprema, Juan Ortega ya planea sobre la órbita cimera de la afición. Mientras algunos lo intuyen como un inminente torero de culto, otros le exigen un «pasito más» para darle un tratamiento privilegiado.

Está en boca de todos y lo ha conseguido con ¿muy poquito? Había tardes en las que bastaba con un par de lances, otras en las que erizaba la piel a través de una media verónica,

 momentos en los que su inicio de faena transportaba a épocas doradas y cierres en los que su modo de andar por la cara del toro y tocar los costados reconfortaba al que se sentaba en el tendido. Juan Ortega es la pausa y el aliento que ha surgido tras la sofisticación y tensión.

Camarón de la Isla le dedicó estas letras al Faraón de Camas: «Con verte en un quite me sobra / de esos que tú sabes hacer, / y como el toro te embista / ya tienes a la gente en pie». Y con Ortega, salvando unas distancias abismales, ocurre lo mismo. Recordando su temporada 2021 surgen fogonazos de cada tarde en la que se vistió de torero. A bote pronto, sin mirar papeles ni entrar en detalles, se vienen a la mente el toro de Garcigrande que ralentizó con un exquisito embroque a media altura en Vistalegre, el cierre de faena sobre los pies en Leganés, su acompasado y dinámico trasteo en Jerez, el epílogo de resurrección en El Puerto de Santa María, los cinco lances abrochados con una media belmontina en el día de su presentación en Sevilla y la sublimación a la verónica al toro de ‘Juampedro’ en el mano a mano con Morante.

Juan Ortega, en la corrida de su presentación en la Maestranza
Juan Ortega, en la corrida de su presentación en la Maestranza - Juan Manuel Serrano

¿Servirá todo eso para consagrarse como figura del toreo? Posiblemente no, pero sólo el tiempo nos ofrecerá la respuesta. De momento ha conseguido lo más difícil: huir del ostracismo. Ha terminado el octavo en el escalafón taurino, distando de aquel puesto 81 que ocupó al cierre del 2018. Sólo en esta temporada ha toreado más corridas (31) que en las siete temporadas que llevaba como matador de toros.

Lejos queda ya su albor de campaña en el jienense coso de Villanueva del Arzobispo, junto a Diego Urdiales y Emilio de Justo. Una imagen que tanto difiere del final de curso: plaza casi vacía, con las restricciones sanitarias del momento. Una tarde aquella en la que los tres diestros tuvieron que tensarse los machos para sobreponerse a las complicaciones que desarrollaron los pupilos de Santiago Domecq. Ortega recibió una cornada envainada al entrar a matar el tercero y salió tras ser intervenido para cortarle una oreja al sexto.

Uno más en la mesa

Tras su resurrección linarense de 2020, Juan Ortega comenzaba el curso desde la parrilla de salida. Tres tardes en la Feria de Abril y otras dos en la Feria de San Isidro (trasladada al coso de Vistalegre) lo avalaban para entrar en todos y cada uno de los carteles de resonancia. Y así llegó su primer compromiso importante: en Carabanchel, junto a Morante de la Puebla y Julián López ‘El Juli’. Aunque no le facilitaran el lucimiento a la verónica, ese día llegó su primer gran toque de atención: un inicio impropio en esta época, doblándose y desbravando la agitada embestida del animal, para después continuar con pases a cámara lenta que se vaciaban en la hombrera contraria. Un estilo natural, armonioso y reposado que conquistó el alma, casi huérfana, de la afición. Sin necesidad de arrastrar las manos ni forzar la figura, Juan Ortega encontró la profundidad a través del estilo más clásico y elegante del toreo. Cómo no estaría que tras pincharlo repetidamente y dar una vuelta al ruedo, le premiaron con una oreja su postrera faena por lo anteriormente acontecido.

Los meses más inciertos y preocupantes de la temporada se iban desarrollando en esa primavera-verano en la que la situación sanitaria no terminaba de estabilizarse y las administraciones continuaban poniendo trabas a la celebración de espectáculos taurinos. Las corridas iban llegando a cuentagotas: Brihuega, Nimes, Morón de la Frontera, Granada, Alicante… y así hasta que el verano floreció y trajo consigo su mejor toreo. Fue en Jerez, en su novedosa feria del mes de julio. Junto a ‘El Juli’ y Roca Rey se reivindicó como torero de cante grande. Frente a los «bien» que escucharon los alternantes, a Ortega le brindó la afición los más sentidos «oles» de la tarde.

Días después llegaría otra de sus obras culmen, casi llegada la medianoche portuense con un sexto toro de Garcigrande. Y así fue engrasándose su turné veraniega hasta la ansiada presentación como matador de toros en la Real Maestranza de Sevilla. Una tarde soñada, sumergido en un cartel que se había confeccionado contra todo sentido: con David Fandila ‘El Fandi’ y José María Manzanares.

Meses antes de aquella presentación, el torero reconocía en una entrevista publicada en ABC de Sevilla que soñaba con torear un toro en la Maestranza «muy despacio». «Que sea uno de esos días en los que brota la sensibilidad. Porque no siempre está uno como debe estar. Que se den las circunstancias, el toro y que surja lo que tenga que surgir».

Y aquello ocurrió y quedó constancia en su carta de presentación: la Banda Tejera sonando y la plaza puesta en pie tras media docena de lapas soberbias, ejecutadas según mandan los cánones del toreo a la verónica: las manos a la altura de la bragueta, la figura erguida y los vuelos embarcando y meciendo la embestida. Y rematadas con una media belmontina tan pura que no le permitió enmendar la zapatilla, siendo por ello arrollado sin consecuencias. Poco más pudo hacer aquella tarde, como si aquello que había hecho supiera a poco…

Juan Ortega lanceando al toro 'Viñero' de Juan Pedro Domecq
Juan Ortega lanceando al toro 'Viñero' de Juan Pedro Domecq - Raúl Doblado

Pero llegó a sublimar aún más el toreo a la verónica en su histórico recibo al toro ‘Viñero’ de Juan Pedro Domecq en el mano a mano con Morante de la Puebla. Aquella cascada de lances de ejecución perfecta siguen sin poder describirse. Sevilla vibró con ellos como hacía años que no lo hacía. Todos son motivos suficientes para corrobar lo que muchos ya intuían que podía pasar: Juan Ortega cayó de pie en Sevilla, que ya lo considera como uno de sus toreros predilectos. Cerró el trianero su campaña en tierras jienenses, con un festín de orejas en el mano a mano con Roca Rey en Úbeda y finalmente en el coso de la Alameda, sin opciones con la corrida de Domingo Hernández.