sábado, 13 de agosto de 2022

 

El caótico comienzo de la corrida de toros del pasado domingo en Guillena consiguió atrapar a los espectadores y convertirla en la más divertida de todo el verano




Jesús Bayort

05/08/2022

Ríanse los andaluces de las superproducciones americanas. El gran largometraje del verano se rodó el pasado domingo en Guillena. En una plaza de toros. Canal Sur frente al todopoderoso Hollywood. Reconozco que en directo sólo pude ver la primera hora de las tres que duró la corrida. Después de vista, no tiene justificación que haya tardado casi una semana en terminarla. Es la obra más genial emitida en mucho tiempo. Lo terminaría confesando Francisco Ruiz Miguel en la retransmisión: «Los andaluces de una tragedia hacemos una comedia». Literal. Porque aquello apuntaba a tragedia gorda. La periodista Noelia López levantó la liebre a los diez minutos de comenzar el directo: «Falta una ambulancia». Que venía desde Utrera, porque la titular «no reunía los requisitos necesarios». La terminarían recibiendo, una hora después, entre palmas y vítores. Como si llegara el camión de los helados. La genialidad de los acontecimientos me hace dudar de su veracidad. Maravillas que se iban desencadenando desde que Enrique Romero abriera la narración, recordando la temperatura. «¡Yo me estoy derritiendo como un polo! Me van a tener que recoger con una cucharilla», contestaba el maestro Ruiz Miguel, minutos antes de reconocer con pelos y señales que tenía el trasero «como un mono».

La corrida de Guillena dura tanto como Titanic y resulta más divertida que la comedia de este verano (¡Padre no hay más que uno!). Un crisol capaz de mezclar conceptos rimbombantes. A medio camino entre 'Bienvenido, Mister Marshall', Juncal y una tarde de Juan y Medio. El trabajo Noelia López a pie de pista durante la dramática primera hora es digna de mención. Y de premio. Hasta doce entrevistas hizo desde el patio de cuadrillas, entre toreros, banderilleros, picadores y pululantes. Sólo nos faltó conocer al empresario, que me lo imaginaba como a Tony Leblanc en 'Los Tramposos'. Y en esas apareció Manuel Jesús 'El Cid', de 'incógnito' en el tendido. El de Salteras le terminaría cogiendo gustillo al micrófono que le habían preparado sobre la marcha: aguantó hasta que arrastraron al último toro. Por cierto, lo bordó. Podríamos decir que se postuló como futurible comentarista televisivo. Cuando el interés de la previa pendía de un hilo a Enrique Romero, crack de la comunicación, se le ocurrió pedir un pasodoble a la banda de música. Y allá que fue Noelia. «Llevo más de cincuenta años tocando», decía el director. «Pues ya le ha dado al pito», contestaba por lo bajini Ruiz Miguel. Tremendo todo.

Tuvo arte el de Salteras: «Dicen que la culpa del retraso es del dueño del ambigú, que lo ha hecho para vender más». Cuando el directo cumplía los treinta y ocho minutos Noelia avisó que a la ambulancia le quedaban otros quince. Que terminarían siendo más. El tiro de cámara enfocaba a un banderillero, de caña y azabache, perdido por una calle guillenera. Desorientado, tratando de intuir sobre el horizonte la llegada salvadora (nunca mejor dicho). Como Marco buscando a su madre por la cordillera de los Andes.

Y todo eso ocurrió en la previa de la corrida; que por cierto, resultó un éxito en el apartado artístico. De las mejores veces que se ha mostrado en público esta terna: Oliva Soto, Rafael Serna y Ruiz Muñoz. El de Camas se abrió con compás a la verónica y toreó con pasión; el de la Costanilla demostró el cuajo y la madurez de su tauromaquia; y el sobrino-nieto del maestro Curro Romero toreó con mimbres y personalidad. En definitiva, que si no la han visto, tarde van.

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